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comunidades de propietarios

14/03/16

+

Gran parte de nuestra sociedad,

cuando invierte en comprar algo,

se olvida de lo que la inversión en

su correcto mantenimiento le pue-

de reportar: mayor vida útil y, por

lo tanto, mejor aprovechamiento

de lo invertido. Pero si, además, la

compra implica un gasto energé-

tico recurrente (por ejemplo una

caldera que usa combustible), la

inversión en su mantenimiento su-

pone la optimización de ese gasto

mensual y, por consiguiente, me-

nor coste total. Hemos de ser ca-

paces de identificar el manteni-

miento como parte de la inversión

y no como «un gasto consecuen-

cia de la inversión».

Gran parte de la sociedad se ha

acostumbrado a que muchos de

los equipos/sistemas que se ad-

quieren tengan la obsolescencia

programada y, unos años después

de prestar su servicio y sin ape-

nas invertir en su durabilidad, de-

jen de funcionar. Incluso en estos

años en los que la crisis generali-

zada ha hecho mella en los bolsi-

llos de todos nosotros, hay pro-

pietarios que ante las dificultades

económicas han decidido elimi-

nar o ‘ahorrar’ en una partida que

debería ser la prioritaria en tiem-

pos de escasez: el mantenimien-

to. Pues es precisamente esa in-

versión en mantenimiento la que

nos evita tener que volver a gas-

tar en la sustitución de un equipo

averiado... por no haber inver-

tido en su conservación.

Todos sabemos que una vivien-

da, bien mantenida, funciona me-

jor, gasta menos energía y genera

más confort y menos dolores de

cabeza. Aun así, nuestra sociedad,

por lo general, invierte en un ac-

tivo tan sólo en el momento de la

compra y, cuando se estropea, lo

sustituye por otro nuevo. Casi nun-

ca invierte en su correcto mante-

nimiento.

La inversión en una instalación

debe siempre llevar asociada la in-

versión en su correcto manteni-

miento para, en la medida de lo

posible, optimizar su vida útil.Y

mucho más en los sistemas de ca-

lefacción, en los que la inexisten-

cia de mantenimiento o un ‘aho-

rro’ en el mismo supone gastar

más en combustible por la defi-

ciente regulación de sus compo-

nentes y acortar la vida útil del sis-

tema. Es el caso más repetido de

esa instalación de calefacción que

va bajando de rendimiento por fal-

ta de mantenimiento, perdiendo

euros por su chimenea y, a la vez,

estropeando sus componentes has-

ta convertirse en inútil..., y obli-

gando a una nueva y dolorosa re-

forma integral.

Sobre el papel, todo el mundo

comprende este enunciado. Pero

es curioso cómo, en la práctica, hay

comunidades que no contratan du-

rante años el mantenimiento de sus

sistemas de calefacción con justi-

ficaciones como: «está en garan-

tía», «mientras no se pare», «Fula-

no fue instrumentista naval y le

suele echar un vistazo», «no es obli-

gatorio», «la última caldera que tu-

vimos nos duró 15 años y no le hi-

cimos ni caso»...

Lo barato sale caro

Luego, hay otras comunidades que

erróneamente confían el manteni-

miento de sus instalaciones de ca-

lefacción al más barato, quizás si-

guiendo el modus operandi de al-

gunas instituciones y empresas que

tienden a subastar todos los ser-

vicios, pero ello no suele ser lo más

recomendable porque, al final, lo

que sucede es que ese abaratamien-

to se transforma en menos mante-

nimiento o de menos calidad. En

el sector, a pesar de la dureza de la

crisis, sigue habiendo empresas de

todos los perfiles y capacidades

profesionales.

La primera consecuencia de un

mal (o nulo) mantenimiento es que

tanto el quemador como los demás

componentes de la caldera (ya sea

de gasóleo o de gas natural,...), al

ser un sistema mecánico, se va de-

sajustando con el uso, además de

ensuciando con los productos de

la combustión. Esto supone, de sa-

lida, un mayor consumo de com-

bustible que, a su vez y como la pes-

cadilla que muerde su cola, suele ir

acompañado de un mayor ensucia-

miento y desajuste. Esa espiral se

traduce en más gasto y mayor po-

sibilidad de que la avería suponga

la sustitución de los componentes

o del sistema en su totalidad.

Y todos somos conscientes de

esto, pero es curioso ver cómo las

connotaciones de esta sociedad nos

hacen situar el mantenimiento en

la balda mental de ‘asuntos menos

importantes’.Y, a la velocidad que

va la vida, esa balda no se atien-

de.Y así nos va.

Llegan otros tiempos

Gracias a la normativa que poco a

poco nos llega de Europa, ya no

hay excusas. Nos iniciaron con

aquella obligación para la certifi-

cación energética de los electrodo-

mésticos, que más o menos ya in-

cide en nuestra decisión de com-

pra... y mucho más en el posicio-

namiento comercial de los fabri-

cantes/comerciantes (pocos fabri-

can ‘F’s, y ninguno gasta en publi-

cidad para una lavadora ‘E’).

Posteriormente, llegó la obliga-

ción de la certificación energética

para la vivienda nueva, que por su-

puesto condiciona nuestra decisión

de compra (el IDAE afirma que

en hasta un 36% de nosotros), y

mucho más en estos tiempos en los

que cambiar de vivienda supone

una gran inversión... y la asunción

del gasto energético que la nueva

compra genera.

Desde el año 2013, estamos obli-

gados a la certificación energética

de la vivienda usada. La Directi-

va europea 2010/31 impone la obli-

gación de realizar una inspección

periódica de eficiencia energética

en las instalaciones de calefacción

y aire acondicionado. Esta Direc-

tiva se traspuso parcialmente en la

última modificación del RITE, en

vigor desde el 13 de octubre de

2013: RD238/2013, conlleva asi-

mismo inspecciones periódicas para

verificar el cumplimiento de la exi-

gencia de eficiencia energética (art.

31), y articula sanciones para las

instalaciones que no cumplan.

Pues bien, desde aquel ya lejano

2013 se han certificado en Espa-

ña más de 1,5 millones de edifi-

cios, luego faltan más de 23 millo-

nes de inmuebles.Y de los certifi-

cados, 8 de cada 10 tiene una nota

‘E’ o peor... O sea, que si tu casa

tiene más de 8 o 10 años y/o no

te preocupaste cuando la adquiris-

te en invertir en eficiencia ener-

gética, tu nota va a ser una mala

noticia... Como lo es, por lo tanto,

tu gasto energético anual.

Pero es que además existen des-

de hace años incentivos fiscales

para los mejores de la clase, y ya

se pueden conseguir subvencio-

nes muy interesantes por ‘pecar’

de eficiencia energética al inver-

tir en una instalación de calefac-

ción (de hasta el 30% en algunos

casos) que, además, repercuten

en minorar tu gasto energético, en

el valor de tu vivienda y su poten-

cial comercial.

Y, por último, el Ministerio de

Hacienda acaba de abrir la puer-

ta (2015) a que los ayuntamientos

puedan rebajarnos hasta un 20%

el IBI (Impuesto de Bienes Inmue-

bles) por ser excelente en eficien-

cia energética (A).

Y todo esto viene para quedar-

se: el mantenimiento en los siste-

mas de calefacción adquiere una

gran importancia y prioridad por

normativa, pero también por lógi-

ca económica y medioambiental.

El que lo ponga en la parte alta

de la balda de prioridades conse-

guirá ingresos vía subvenciones,

reducción de gasto energético por

el incremento en eficiencia, la in-

versión, bien mantenida, les dura-

rá más años, su vivienda se co-

tizará al alza y será más fácil colo-

carla en el mercado y, encima, re-

ducirá gastos anuales a través de

ventajas fiscales.

Alfonso González Etxabe

Gerente deVASA

(www.vasa.biz

)

Mantenimiento preventivo:

ya no hay excusas

Las revisiones de la instalaciones aumentan su

vida útil y reducen el gasto energético

Las comunidades deberían ana-

lizar e informarse de quién y cómo

se realiza el mantenimiento pre-

ventivo de la instalación de ca-

lefacción (o climatización) de su

comunidad, comprobar que sea

una empresa especializada y ha-

bilitada oficialmente de mante-

nimiento y con muchos años de

experiencia, porque en este ám-

bito la experiencia es un grado

a favor de la comunidad.

Pero además, para responsabi-

lizarse por la supervivencia y buen

funcionamiento de su sistema,

las comunidades de propietarios

deberían asegurarse de que la em-

presa mantenedora ejecuta las vi-

sitas legalmente establecidas y

consultarle sobre qué medidas se

podrían implementar para mejo-

rar la eficiencia energética del sis-

tema de calefacción. Si se trata

de una empresa seria, las identi-

ficará rápidamente y ayudará a

la comunidad incluso a tramitar

y obtener las subvenciones dis-

ponibles.

Empresa especializada y con experiencia

::

La experiencia de la empresa encargada del mantenimiento siempre juega a favor de la comunidad.