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20KM BILBAO

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dependencia

+

19/10/16

Los últimos 16 años de la vida de

Ana Ferreiro han transcurrido so-

bre ruedas; pero no porque hayan

estado libres de contrariedades, ni

de escalones insalvables, sino de-

bido a la ataxia de Friedreich, un

trastorno neurodegenerativo que

provoca la pérdida paulatina de

movilidad y, con ello, la autonomía

personal, entre otras consecuen-

cias. La enfermedad de Ana, que

afecta a la médula espinal y los mo-

vimientos musculares, la dejó a los

15 años en silla de ruedas.

Ana, que estudia 3º de periodi-

mo en la UPV, realizó las pruebas

de acceso para mayores de 25 años

en 2011 y al año siguiente ‘roda-

ba’ por la facultad con los mismos

nervios, dudas y expectativas que

cualquier otro estudiante en su pri-

mer año, aunque con todas las di-

ficultades que supone padecer esta

enfermedad.

La existencia del Servicio de

Atención a Personas con Discapa-

cidad de la UPV fue clave para que

Ana diera un paso adelante para

seguir formándose. Cada una de

las dudas que se posaban en su ca-

beza sobre si contaría con apoyo

para la realización del examen de

ingreso, si podría ir al baño cuan-

do lo necesitase, o cómo se despla-

zaría hasta el campus fueron des-

pejadas por los trabajadores del

programa. «Envié un millón de co-

rreos electrónicos con miles de pre-

guntas y todas me las contestaron,

me reuní con los técnicos y el ac-

ceso me lo facilitaron bastante», re-

cuerda. «Cuando aprobé el examen

tuve un año para mentalizarme y

pensar: ¡Madre mía en lo que me

estoy metiendo!...Al principio tuve

muchas dudas pero tiré para ade-

lante».

Esta futura periodista acude a

un centro de día para realizar ejer-

cicios de rehabilitación y fisiote-

rapia y asiste dos días a la semana

a sus clases en la Facultad de Pe-

riodismo. Un taxi adaptado la lle-

va desde su casa en el CascoVie-

jo hasta el campus de Leioa gra-

cias a una beca que tiene la uni-

versidad para personas con movi-

lidad reducida. «Esa beca dura seis

años, pero muchos hacemos ma-

trículas parciales, por lo que tar-

damos el doble de tiempo en ter-

minar los estudios. Por eso creo

que la duración de esta beca de-

bería adaptarse a los plazos y ne-

cesidades de cada alumno», se-

ñala reivindicativa.

Y es que Ana inscribe dos asig-

naturas por cuatrimestre porque

necesita ayuda para tomar apun-

tes en clase o manejar los ordena-

dores. «Escribir es lo que más me

gusta, pero es lo que más me cues-

ta.Voy a un ritmo más lento que la

mayoría».Tener menos clases tam-

bién ha provocado que no haya po-

dido «armar grupillo» para rea-

lizar trabajos o quedar.

El otro cuerpo de Ana

Edurne Nieto trabaja desde 2006

en el Servicio de Atención a Es-

tudiantes con Discapacidad y es

quien ha acompañado a Ana du-

rante los últimos tres años.

Su trabajo consiste en apoyar a

las personas con movilidad redu-

cida en «cosas tan sencillas como

apretar el botón del ascensor o abrir

una puerta.También tomo notas,

apoyo en los exámenes o manejo

el ratón del ordenador siguiendo

las instrucciones del estudiante...

Soy como las manos de Ana», des-

cribe.

Un apoyo que en muchas oca-

siones rebasa lo estrictamente aca-

démico, cuando los técnicos se con-

vierten en compañeros de fatiga,

en un gran apoyo moral. «La re-

lación que establecemos con los es-

tudiantes es muy estrecha... Soy

testigo de cómo sus miedos sobre

la universidad se van disipando,

cómo se van relajando y maduran-

do como personas», remata orgu-

llosa.

Si a la dificultad que de por sí en-

traña cursar una carrera universi-

taria se le añade que el alumno tie-

ne una discapacidad, conseguir el

título se pone cuesta arriba. Es lo

que les sucede a más de 20.000 es-

tudiantes universitarios españoles

que están matriculados actualmen-

te, es decir, el 1,4% de la población

académica total. Una cifra que au-

menta con los años, sobre todo en

la última década, y que revela la

necesidad de la educación supe-

rior de continuar adaptándose a

una sociedad cada vez más diver-

sa, y asumir su desafío como espa-

cio inclusivo e igualitario.

Por eso, cada vez son más las uni-

versidades que cuentan con pro-

gramas específicos para los estu-

diantes con discapacidad, un ser-

vicio que en la UPV empezó a fun-

cionar en 2003 en el campus de

Gipuzkoa y que con el tiempo se

extendió a Bizkaia y Álava. En la

actualidad, 282 alumnos están ins-

critos en el programa, «un núme-

ro que aumenta con los años gra-

cias a que en etapas anteriores a la

universitaria ya se trabaja con los

alumnos en su integración, cono-

cen los servicios con los que cuen-

ta la educación superior y existe

mayor conexión con los centros de

secundaria», señala Kepa Gonzá-

lez, técnico de Orientación del Ser-

vicio de Atención a personas con

Discapacidad de la UPV.

Un servicio similar ofrece desde

1999 la Universidad de Deusto,

cuyas aulas acogen esta curso a «32

alumnos con alguna discapacidad

física o sensorial o algún trastorno

psíquico, o con dificultades de

aprendizaje», describe la coordina-

dora del servicio de Acción So-

cial de la institución académica,

Xiomara Martínez.

La UPV, que empezó con un

plan de integración en 2001que

incluía la eliminación de barreras

arquitectónicas, dotación de equi-

pamiento, adaptación curricular,

apoyo tecnológico y acompaña-

miento a los alumnos con disca-

pacidad motriz, se plantea dar un

salto más con un plan de forma-

ción para el profesorado el siguien-

te curso. «Una de las asignaturas

pendientes del servicio tiene que

ver con el eje de la sensibilización,

con la implicación de los profeso-

res en el diseño de herramientas

curriculares y metodologías inclu-

sivas», explica González.

El reto de la empleabilidad

Y aunque se han conseguido avan-

ces importantes que tienen que ver

con una mayor coordinación en-

tre los programas para estudian-

tes con discapacidad y los servi-

cios de orientación de la enseñan-

za secundaria, se han establecido

protocolos de actuación y se han

hecho visibles las necesidades de

un importante colectivo de la co-

munidad universitaria, los desa-

fíos en cuanto a la inserción la-

boral de estos estudiantes sigue

siendo un desafío.

«Otro de los retos que tenemos por

delante es consolidar ese puente

entre la universidad y los centros

de empleo y las empresas», expli-

ca González. En este sentido, la

UPV cuenta con convenios con

Lantegi Batuak o la Fundación San-

tander para la realización de prác-

ticas que permitan a los estudian-

tes la adquisición de experiencia

técnica y profesional relacionada

con sus estudios. La Universidad

de Deusto también dispone de una

oficina de orientación laboral para

facilitar su integración y colabora

con diferentes centros especiales

de empleo.

Una sociedad diversa reclama una universidad

cada vez más inclusiva

Empeño, motivación y apoyo externo: las

claves para dar el salto a la educación superior

::

Ana Ferreiro, estudiante de periodismo, y Edurne Nieto, técnica de apoyo.

::

Un estudiante con una discapacidad visual grave consulta un texto apoyado por una lupa electrónica.