Desarrollo Sostenible

14 5 junio 2025 desarrollo sostenible » Jazmín Romero En medio de tanto ruido, urbanis- mo y modernidad, querer vivir de una forma más natural, rodeados de naturaleza y comida casera, parece cosa de locos. Aunque, no es otra cosa más que volver a nues- tras raíces, y a esa vida de caserío en la que la vida no pasaba con tanta velocidad. Fue, precisamen- te, lo que buscaron EricaYurre y su compañero Pedro Salgado cuando decidieron mudarse de Bilbao al valle de Carranza para emprender un proyecto de vida sostenible que entrelaza la vida rural, la sostenibilidad y el arte de hacer pan artesanal. «En aquel entonces los dos está- bamos terminando el doctorado de Bellas Artes y vivíamos en Enekuri, donde teníamos una huerta y empezamos a hacer pan porque todo nos quedaba muy lejos. Siempre tuvimos la idea de irnos a vivir al medio rural y poder trabajar desde nuestras pro- pias casas. Hasta que salió la opor- tunidad de unirnos a un proyec- to de construcción bioclimática hecha con fardos de pajas. Deci- dimos tirarnos a la piscina, aun- que con el desafío de terminar de construirla». 8n hogar integrado en la naturaleza La parte principal de la vivienda ya estaba construida, sin embar- go, quedaba mucho por hacer. «Para la construcción hicimos un llamamiento de colaboración a través de una plataforma en la que se apuntaron muchos volun- tarios, estudiantes de arquitectu- ra o ingeniería que llegaban muy interesados en hacer sus prácti- cas como proyecto fin de carre- ra». La pareja optó por levantar las paredes con fardos de paja –un excedente tras la cosecha del centeno–, recubiertas con cal y arena, un método que aporta ais- lamiento térmico y permite una construcción accesible sin cono- cimientos especializados. «La paja es un material económico y con unas cualidades de inercia tér- mica muy interesantes», explica Erica. Además, la madera utili- zada procede de abetos Douglas de los bosques locales, y el teja- do está cubier to con tierra y vegetación, un ‘tejado verde’ que protege de las oscilaciones tér- micas y mimetiza el edificio con el entorno. Pero el trabajo colaborativo no se limitó solo a la construcción de la casa. Erica describe cómo el ‘auzolan’ se extendió entre sus contactos urbanos y la vecindad local para construir la casa y el obrador. Más de trescientas personas voluntarias, procedentes de diver- sas partes del mundo a través de la plataformaWWOOF han apor- tado su trabajo y conocimientos a una construcción realizada con cri- terios ecológicos, bioclimáticos y de bajo impacto medioambiental. «Además de la construcción y otras actividades, como la huerta o el obrador, todo esto llegó a ser un campamento de verano con más de 300 personas que pasaron a ayudarnos», cuenta. Parte de la madera que se empleó en la construcción es de abeto Douglas. Aunque el proceso de la construcción duró casi 6 años, han logrado edificar una casa autosuficiente desde el punto de vista energético.Tanto la vivienda como el obrador son efi- cientes energéticamente y funcionan con energía renovable: una instalación aislada de placas fotovoltaicas y un sistema termosolar para agua caliente garantizan el suministro. La gestión del agua residual también sigue criterios ecológicos, con un sistema de compostaje para aguas negras y otro de lagunaje para aguas grises. «Producimos nosotros mismos lo que consumimos», destaca Erica. Energéticamente autosuficientes Cultivar con las manos, cocinar con el alma En la pequeña huerta que rodea su casa, EricaYurre encuentra más que ingredien- tes: halla conexión con el ritmo de la natu- raleza y con su propio proyecto de vida. «La agricultura es súper agradecida. Con poco que haces, ya responde», cuenta. Practican una agricultura ecológica rege- nerativa, que no remueve la tierra, sino que la cuida con acolchados de paja, abo- nos naturales y preparados con plantas medicinales como ortiga, consuelda o cola de caballo. «Una tierra sana da más y se enferma menos», resume. De allí salen muchas de las materias primas del obrador: manzanas, frambue- sas, calabazas, higos, kiwis o melocoto- nes. Ingredientes que se transforman en bizcochos de calabacín, panes de calaba- za o galletas con fruta de temporada. En su pequeño invernadero, logran prote- ger tomates, lechugas, espinacas y coles de las nieblas del entorno, todo destina- do al autoconsumo familiar. «No tenemos que estar todo el día tra- bajando la tierra. Se trata más bien de acompañarla», dice. Esa filosofía se refle- ja también en su cocina: recetas que res- petan los ciclos y priorizan lo local. Cada estación no solo cambia el paisaje, tam- bién renueva el sabor de lo que sale de sus manos. El arte de conectar con la naturaleza La casa y el obrador de Erica también tie- ne su lado pedagógico. A través de la visi- ta guiada permiten vivir la inmersión en un estilo de vida sostenible. «Empezamos porque la gente venía los domingos a ver la casa», cuentan. Hoy las organizan para colegios, asociaciones, grupos en riesgo de exclusión y personas con autismo. Duran- te dos horas y media –que «siempre se que- dan cortas»– se recorre el obrador por den- tro y por fuera, se conoce el horno de leña, la gestión forestal sostenible y se degusta una cata comentada con productos del taller y de kilómetro cero.También se pue- den sumar talleres: elaboración de pan o repostería saludable, cocina con plantas silvestres, preparados con plantas medici- nales o jabones artesanales. «Queríamos seguir con la parte pedagógica; compartir esto también es parte del proyecto». Ama 2rea un nombre cargado de significado El obrador lleva por nombre Ama Orea, que significa masa madre en euskera. La elección fue un proceso con múltiples connotaciones para Erica. «Ama también significa madre, y justo al instalar el horno nació nuestro primer hijo», relata. Además, en griego ‘orea’ significa ‘bien’, y dentro del nom- bre se esconde la palabra ‘amor’. «Es un concepto que englo- ba el respeto por los procesos naturales y el cuidado amoro- so que impulsa nuestro trabajo». Para hornear, diseñaron un horno de leña adaptado a sus necesidades tras visitar otros obradores y asesorarse con exper- tos. «No nos convencía ninguno de los modelos comerciales, ni por diseño ni por precio», comenta Erica. Con la ayuda de un herrero deVillarcayo, lograron construir un hor- no de plataforma gira- toria y fuego indirecto, incluso reciclando pie- zas como la cremalle- ra de una hormigo- nera para los engra- najes. «Nada es impo- sible, solo hay que echarle ganas y un poco de imaginación». 8n día cualquiera, incluso en un apagón El día del gran apagón que paralizó medio país, en casa de Erica y Pedro no pasó nada extraordinario. «Estábamos horneando galletas en el horno de leña, tenía dos lavadoras puestas y hasta el lavavajillas funcionando», recuerda Erica. Solo se dio cuenta de que algo ocurría cuando notó que no tenía cober- tura en el móvil. «Pensé: ya estamos otra vez con el viento sur, se habrá caído la línea», dice con una sonrisa. Poco después, Pedro entró al obrador y le preguntó si se había enterado de lo que pasaba. Encendieron la radio y escucharon la noticia. «Pero aquí todo seguía con total normalidad». Para esta familia, el apagón no fue más que otra jornada de trabajo en su casa autosuficiente. Una prueba inesperada que, sin buscarlo, confirmó que su elección por una vida sostenible va mucho más allá de los ideales: es también una apuesta por la libertad y la resiliencia. La casa fue construida con criterios ecológicos, bioclimáticos y de bajo impacto medioambiental La casa de paja fue construída hace más de 14 años en el valle de Carranza Una casa y un obrador con coste cero en energía

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