Educación. Actividades extraescolares y conciliación

6 27 enero 2025 educación » Leire Fernández Ya nadie duda de que cuidar del bienestar emocional de niños y ado- lescentes es clave para su buen desarrollo personal, pero son muchos los estudios que demues- tran que también es clave en el ren- dimiento académico. «Aprender con emoción y utilizar las emocio- nes que favorecen el aprendizaje deberían formar parte del día a día de cualquier clase en cualquier eta- pa educativa, aunque es cierto que, a medida que los alumnos pasan de curso, los contenidos curricu- lares se convierten en el principal motivo de la enseñanza en las aulas, olvidando que los seres humanos somos, en primer lugar, seres que sentimos, y en segundo lugar seres que pensamos», destaca Begoña Ibarrola, psicóloga y escritora infan- til y juvenil especializada en inte- ligencia emocional. «Se ha demostrado científica- mente que la educación de las emo- ciones tiene consecuencias muy positivas para los alumnos. En pri- mer lugar, muchos problemas de conducta y bajo rendimiento aca- démico tienen su origen en pro- blemáticas de tipo emocional y no en su falta de capacidad cogniti- va», explica Ibarrola. «Además, la neurociencia ha demostrado que las emociones afectan al aprendi- zaje, por tanto, la emoción es un ingrediente básico del proceso cog- nitivo, del razonamiento. Estos des- cubrimientos científicos implican una función mucho más impor- tante para la comprensión e inte- gración de las emociones en el aprendizaje». «Si queremos que nuestros alum- nos mejoren sus aprendizajes, debe- mos intervenir a nivel de clima emocional y tener en cuenta las emociones que sienten a la hora de trabajar en el aula, solos o en equipo, reflexionar sobre lo apren- dido y explicar a los demás lo que saben», reitera la experta. Esta importancia de la educación emocional debe darse desde la eta- pa infantil, pero si hay una en la que es imprescindible es en Secun- daria. «Con la entrada en la adoles- cencia, se producen cambios emo- cionales muy potentes que deben aprender a manejar. En ese senti- do debemos destacar que, si un alumno ha recibido educación emo- cional desde pequeño, cuenta ya con una ‘caja de herramientas’ emo- cionales que le ayudarán mucho y se nota perfectamente todo ese entrenamientos anterior», comen- ta la psicóloga. «Hay que adaptar la metodología a la etapa del desa- rrollo emocional en la que está el alumno y utilizar actividades y diná- micas que tengan que ver con sus intereses y momento de vida. Así mismo, el propio alumnado puede llevar su entrenamiento fuera del aula. Esto es importante porque la adolescencia es una época de mucha relación social, mucha inte- racción entre iguales, y tener adqui- ridas habilidades emocionales cau- sa un impacto muy positivo». ¿Asignatura o abordaje? En cuanto a los retos que supone implementar la educación emocio- nal en el aula, Ibarrola lo tiene cla- ro. «El principal es normalizarla, bien como asignatura o como un abordaje transversal», afirma. «Una vez que el educador sabe que influ- ye en el aprendizaje, se pueden bus- car momentos en la clase, de cual- quier materia, donde se vinculen los conocimientos que se están impartiendo con alguna experien- cia emocional que ayude a memo- rizar los contenidos». Eso sí, Ibarrola reconoce que «ello implica que cada profesor se dé cuenta de que merece la pena invertir unos minutos de su clase para abordar alguna competencia emocional a través de una activi- dad, o que puede hacer un puen- te entre los contenidos curricula- res de su asignatura y los de un programa de educación emocio- nal. Se ha demostrado que esos minutos bien aprovechados, mejo- ran la atención y comprensión del alumnado el resto del tiempo de la asignatura, por tanto no son una pérdida sino una ganancia». Precisamente un profesorado que se involucre y se forme es clave para que este tipo de programas y plan- teamientos funcionan. «Yo llevo más de veinticinco años formando a claustros y debo decir que los pri- mero beneficiados son ellos como personas, y después sus alumnos. Y es comprensible, porque nadie les ha enseñado, por ejemplo, téc- nicas de autocuidado emocional, y es algo muy necesario en momen- tos donde el malestar docente alcan- za cotas preocupantes. Por tanto, más allá de iniciativas particulares de algunos centros, que son a valo- rar, se debería abordar en el Gra- do, en la Universidad». Contra el bullying La educación emocional también tiene un efecto positivo en la lucha contra el bullying. «El aula es un espacio de convivencia, por lo tan- to, es un ámbito donde se generan frecuentes conflictos interperso- nales ocasionados por múltiples motivos y derivados de las carac- terísticas propias del desarrollo en estas edades», comenta Ibarrola. Según la experta, hay una evi- dencia: «los niños tienden a ser crueles con los que perciben como más débiles». «Un profesor que per- cibe acoso o maltrato por parte de un alumno a otro debe trabajar con los dos a la vez, desarrollando habi- lidades emocionales diferentes. Al que sufre bullying, aumentando su empoderamiento, su autoestima y su asertividad, para que sea capaz de poner límites a los demás y enfrentarse a situaciones difíciles. En cambio, con los agresores hay que desarrollar su capacidad empá- tica y redireccionar su forma de comportarse hacia otro tipo de actos solidarios y de ayuda. La empatía mejora la conducta pro- social al permitir sentir lo que sien- te el otro». Y recalca que si un alumno agre- de a otro, «tiene un alto nivel de malestar que hay que abordar tam- bién, no solo sirve sancionar, sino ofrecerle recursos para mejorar su bienestar y preguntarnos por qué necesita hacer daño. En el fondo una actitud violenta es una llama- da de auxilio». Según Ibarrola, la formación del profesorado en educación emocional «se debería abordar en el Grado, en la Universidad». Educar en emociones favorece el rendimiento académico, según múltiples estudios Educación emocional: clave para el éxito en las aulas Uno de los retos de la educación emocional pasa por llevarla a los hogares. «Es necesario comprender que la base se for- ma dentro de la familia y no únicamente desde la escuela», reconoce Begoña Ibarrola. «Las familias lo saben, pero muchas no se sienten preparadas para acompañar el desa- rrollo emocional de sus hijos, aunque cada vez son más los que buscan asesoramiento, acuden a conferencias o leen libros sobre el tema». Para lograrlo lo primero que tenemos que tener claro es que es necesario «legitimar todas las emo- ciones que sienten, acompañar a nuestros hijos en su alegría, consolarles cuando están tristes, entender sus enfados y aportarles herramientas para entrar en calma, comprender sus miedos y protegerles, a la vez que los animamos a enfrentarse a ellos», especifica Ibarrola. Pero para ello deben aprender a nombrarlas. «Cuando ponen nombre a sus emo- ciones, empiezan a poderlas manejar. Deben aprender a expresarlas de manera adecuada, sin reprimirlas, pero sin hacer daño a otros. Les tenemos que enseñar a manejar la frustración, un aspecto muy importante y que cada vez está menos presente en los niños, porque no la podemos evitar». Primero en casa

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