E
mpecemos por erradicar
tópicos. La Formación
Profesional y la Univer-
sidad son compatibles y
complementarias; es decir, no se
trata de optar por una u otra alter-
nativa. Se ha constatado, y las
empresas nos lo reiteran constan-
temente, que las personas que
realizan un ciclo formativo de FP
y posteriormente pasan por la
Universidad adquieren el perfil
profesional y el nivel de compe-
tencia y cualificación que requie-
re el mercado laboral actual.
Este itinerario, que tanto éxito
tiene en el resto de países de Eu-
ropa y que cada vez cuenta con
una mayor posibilidad de convali-
dación de créditos, permite cono-
cer el interés real de cada persona
por un determinado perfil profe-
sional, le dota de una formación
teórica y práctica más cercana a la
realidad de las empresas y le apor-
ta además una mayor madurez y
posibilidades de éxito en su carre-
ra tanto académica como profe-
sional.
Afortunadamente han pasado
ya a la historia aquellos discursos
que tendían a minusvalorar la FP
frente a otros estudios. La Forma-
ción Profesional está demostran-
do con la realidad de los hechos
que es una apuesta segura en el
camino hacia una formación de
calidad –multilingüe y basada en
metodologías activas e innovado-
ras–, hacia la cualificación adap-
tada a las necesidades de las em-
presas y la especialización –con
un número importante del alum-
nado participando en programas
de formación dual en las princi-
pales compañías de nuestro en-
torno– y hacia la inserción labo-
ral. En este punto, por nuestra
parte, podemos asegurar que alre-
dedor del 80% del alumnado de
muchos de los ciclos formativos
de Egibide que terminó las prácti-
cas en empresas el pasado curso
está ya trabajando. Y eso, en los
tiempos que corren, es ya un va-
lor a tener muy en cuenta.
Para lograr estos resultados es
fundamental la actualización y
revisión continua de los conteni-
dos y programas que impartimos
en nuestras aulas y talleres. Con
ese objetivo el profesorado de
Egibide desarrolla estancias for-
mativas en empresas punteras de
diferentes sectores así como en
los principales centros tecnológi-
cos del País Vasco, lo cual a su vez
nos permite abordar proyectos de
innovación con nuestro alumna-
do en colaboración con todos es-
tos agentes.
El factor humano, presente
Nuestro alumnado debe estar per-
fectamente preparado para un fu-
turo de la industria y de las empre-
sas que, de hecho, se ha converti-
do ya en presente. Una realidad en
la que la tecnología, la automatiza-
ción de los procesos y la robótica
cobran una relevancia cada vez ma-
yor, pero en la que el factor clave
de éxito de cualquier organización
paradójicamente continúa siendo,
y probablemente más que nunca,
sus personas.
Por supuesto que la Formación
Profesional del siglo XXI debe
preparar a su alumnado para dar
respuesta a una nueva situación
del mercado laboral. Una situa-
ción en la que muchos de los
puestos de trabajo que existían
hasta ahora desaparecen y son
sustituidos por la aplicación de
las nuevas tecnologías y la auto-
matización mientras se crean
otros nuevos puestos de mayor
valor añadido que requieren de
personas cada vez más competen-
tes, cualificadas y especializadas.
Y sin lugar a dudas que los cen-
tros de FP estamos avanzando ha-
cia ese horizonte de la mano de
las empresas e instituciones con
iniciativas tales como la ya citada
formación profesional dual, los
programas de innovación aplica-
da dirigida a pequeñas y medianas
empresas o el cambio metodoló-
gico en nuestras aulas y talleres.
Pero en realidad nuestro gran
reto reside en educar y formar a
personas que se conviertan en
protagonistas de toda esta evolu-
ción, no sólo con aptitudes para
desarrollar con éxito su trabajo en
diferentes situaciones, puestos,
empresas y sectores sino con
unas actitudes –compromiso, ca-
pacidad de trabajo en equipo, li-
derazgo, comunicación, empren-
dimiento…– que configuren el
elemento diferencial básico de
nuestro tejido empresarial.
El papel de las empresas
¿Y cuál es el papel de las empre-
sas en este futuro que se nos ave-
cina? Considero que nuestro em-
presariado debe dar también un
paso al frente. En los centros de
FP capacitamos y formamos a los
futuros trabajadores de este país,
les damos las herramientas nece-
sarias para aportar valor a las em-
presas, pero también trabajamos
con ellos una ética en el trabajo y
una serie de valores fundamenta-
les. Su actividad laboral debe ser
un elemento que colabore en el
logro de una empresa mejor, de
una ciudad mejor, de un país me-
jor. En definitiva, que contribuya
a transformar nuestra sociedad. Y
es por ello que aconsejamos a
nuestro alumnado que no acep-
ten un trabajo sin más. Deben ser
exigentes y analizar cómo es esa
empresa en la que van a trabajar,
qué valores atesora, qué es lo que
hace… No sólo es cuestión de
cuánto –que también, obviamen-
te– nos va a pagar a fin de mes.
Nuestro empresariado debe
tratar de ofertar trabajo de cali-
dad, con un desempeño de las
funciones para las que nos hemos
formado que reúna esas condicio-
nes que como ser humano son
exigibles. De esta forma, la con-
junción entre quienes trabajan y
quienes dan la oportunidad de la
noble tarea del trabajo forman un
único sistema.
Como señalaba recientemente
el viceconsejero de Formación
Profesional, Jorge Arévalo, «debe-
mos ser gestores de nuestra pro-
pia vida». Ese es nuestro cometi-
do principal y para conseguirlo
necesitamos la implicación de los
centros educativos de FP, de las
personas que acuden a ellos y de
las empresas que van a acogerlas.
LA FORMACIÓN
PROFESIONAL DEL SIGLO XXI
XABIER LÓPEZ DE
SANTIAGO
Alumnos de un centro de Egibide estudian el funcionamiento de un robot colaborativo.
::
E. C.
DIRECTOR DE FORMACIÓN
PROFESIONAL DE EGIBIDE
EUSKADI
AVANZA
19
Miércoles 4.11.15




