Osasuna-Salud 2026

14 21 septiembre 2026 osasuna-salud » W. Lerch El fin del verano y la llegada del otoño tiende a traer diferentes cambios en nuestras vidas cotidianas y entre ellas se encuentra la modificación del calzado. La progresiva bajada de las temperaturas obliga a guardar en el armario las sandalias y chanclas y ponerse zapatos cerrados. Estas alteraciones en nuestro pie tienen sus consecuencias y el miembro de la Junta del Colegio Vasco de Podólogos, Santiago Nieto Farrán, afirma que «lo fundamental es realizar un cambio progresivo. Es decir, puede ser perjudicial pasar de una época de calor, en la que el pie está menos presionado y por lo tanto está un poco más dilatado, a una temporada con más frío en la que nos vemos obligados a usar un calzado más estrecho». ¿Cómo se realiza un cambio progresivo? Aunque suene obvio, puede tener su historia y el experto señala que «algún día debemos continuar con el calzado que nos ha dejado el pie un poquito suelto y paulatinamente tenemos que empezar a ir poniéndonos un zapato más cerrado». Entonces, lo ideal, y si la climatología lo permite, «es ir dejando que el pie se vaya sometiendo desde el volumen a la capacidad del calzado que le vamos a poner», añade Santiago. En caso de hacer esa modificación de calzado demasiado rápido, «probablemente vamos a correr más riesgo de rozaduras, de presiones y de presencia de ampollas», señala el doctor. El cuidado del zapato es otro factor a tener en cuenta, ya que en ocasiones, los calzados pasan demasiado tiempo guardados. Para ello, de una época a otra conviene tenerlo bien cuidado. Por ejemplo, «antes de que empiece el calor o justo después de que se vaya, cuando guardamos los zapatos para no utilizarlos en mucho tiempo, hay que hacerlo de forma adecuada», recomienda el experto. Es más, tirando de trucos, «a veces es conveniente rellenarlos con papel para que el calzado no se vaya encogiendo y así favorecer que no merme y que la capacidad siga siendo la misma», comenta Santiago. Otro consejo del podólogo es «usar el calcetín, el cual nos libra un poco también de rozaduras y de apoyos. Además, en la actualidad tenemos diferentes versiones, ya sean por debajo del tobillo o un poco por encima». En este aspecto, el especialista añade que «lo más importante es que la piel no acepte que cierto roce sea habitual». Hidratación Una expresión que utiliza mucho el miembro de la Junta del Colegio Vasco de Podólogos, Santiago Nieto Farrán, es que «los pies están muy lejos». Con esta declaración, el experto hace referencia a la hidratación de las extremidades. En la rutina diaria, dar crema a los pies suele costar, por lejanía o porque está al final de la lista de tareas que se nos ocurren y «realmente ese cuidado es muy importante, ya que al fin y al cabo es una parte de la piel, que además tiene mucha presión con los calzados, el roce y el movimiento», señala el experto. Por todas estas razones interesa mucho que esté bien hidratada, debido a que «el pie tiene una piel corneal realmente dura y necesita nutrientes». Hay cremas hidratantes específicas que se pueden encontrar en farmacias y en parafarmacias, y evidentemente hay diferentes marcas. Sin embargo, «es aconsejable Caminando hacia una salud podológica El cambio de estación obliga a una modificación del calzado y a un mayor cuidado de los pies Lo ideal, y si la climatología lo permite, es ir haciendo el cambio de manera paulatina para evitar rozaduras o ampollas. Cuando un paciente es diabético, el peligro reside en que va a tener una serie de problemas al respecto, como por ejemplo, de circulación y sensibilidad en el pie, «que es lo que llamamos la angiopatía y la neuropatía», comenta Santiago, en referencia a «que son pacientes que si tienen una herida va a ser difícil de curar». En cuanto haya una excoriación de la piel o un problema un poco más severo, «van a ser pacientes a los que les va a costar mucho curar porque la angiopatía lo que hace es impedir que llegue la cantidad necesaria de sangre a las zonas heridas para que cicatricen», afirma el experto, que también advierte de que «este tipo de pacientes también tienen muy disminuida lo que es la sensibilidad». En este sentido, «suele ser peligroso, ya que en ocasiones pueden sufrir una rozadura o una herida y darse la situación de que no se percaten de lo que está sucediendo al tener muy abolido el dolor». En estos casos, «siempre resaltamos la importancia de mantener el pie bien hidratado y de acudir a revisiones, ya sea periódica con su médico de cabecera, su enfermera o su podólogo». Por último, Santiago también añade ciertos consejos como «tener vigiladas las uñas y que éstas no se aclaren, vigilar el tratamiento de las callosidades y evitar que tengan ese tipo de heridas y lesiones, porque siempre van a tener una dificultad añadida en su curación». Pie diabético y el riesgo de las rozaduras

RkJQdWJsaXNoZXIy NDcxODE=