San Prudencio 2018

D isimulado en las pare- des de la Basílica de Armentia se encuen- tra el tablero de un juego medieval llamado alquer- que, del que se deriva el actual juego de damas. Nunca había prestado excesiva atención a las conocidas como ‘marcas de can- tero’. Sin embargo, he de reco- nocer su gran importancia. No sólo porque eran la forma de justificar el trabajo realizado sino porque, a través de ellas, se pueden saber el número de per- sonas presentes en una obra o las rutas seguidas por el grupo de peones. Pero en este caso no se trata de una ‘marca de cantero’ sino de un dibujo geométrico delata- dor del ocio de un grupo social que vivía prácticamente al pie de las construcciones catedrali- cias o de las más sencillas igle- sias. La vida de estas gentes era itinerante y su sistema de traba- jo estaba organizado en torno a un ‘maestro de obra’ responsa- ble de dirigir una construcción. Trabajaban por contrato y cuan- do se terminaba la faena en un sitio, se desplazaban a otro para continuar dando forma a los irregulares materiales pétreos. Los momentos de descanso eran los propicios para relajarse con el juego o, en el peor de los casos, para disputarse la peona- da, el jornal o alguna de sus per- tenencias. La Basílica de Armentia es un lugar en el que siempre encuen- tras algo distinto o algo nuevo. La mayoría de las veces son pe- queños detalles que los has vis- to siempre pero que nunca te habías fijado porque no te lla- maron la atención. Sin embar- go, en el momento menos espe- rado, sale a relucir el ingenio y eres capaz de ver lo que mil ve- ces habías ignorado. Y un día cualquiera comienzas a obser- var pequeños signos, como pue- de ser una cruz, y llegas a conta- bilizar, casi sin querer, un nú- mero nada despreciable. O pue- des ver que el cabello y la vesti- menta que llevan los apóstoles del pórtico es el mismo que el de los apóstoles en el ventanal de la iglesia de Lasarte. Incluso, los que hacen rutas culturales pueden fijarse que la cruz que acompaña al cordero del pórtico es igual a la que aparece en un capitel de la ermita de San Juan de Arrarain, en Elburgo. El único del País Vasco Pero en este caso se trata de un tablero de juego llamado alquer- que, similar al que aparece en el ábside de San Vicentejo de Tre- viño. El de Armentia es el único que hasta el momento hemos podido descubrir en el País Vas- co. Al menos no hay constancia de ningún otro. De ahí su valor cultural. El alquerque fue un popular juego de mesa medieval del que se conocen tres variantes: el al- querque de tres; el de nueve, también llamado del molino; y el alquerque de doce, como es el de Armentia. Juegan dos perso- nas y cada uno de ellas dispone de doce fichas. Es el antecesor del juego de damas actual, por- que su objetivo es ir capturando todas las piezas del jugador ad- versario. Desde el siglo XIII El alquerque de doce se conoce en Europa desde el siglo XIII. Proviene del término ‘al qirkat’, que era un antiguo juego árabe que se adoptó a nuestra cultura a raíz de la presencia musulma- na en la Península. El rey Alfon- so X El Sabio lo incluyó en su ‘Libro de Juegos’ como también lo hizo, entre otros, con el aje- drez o con los dados. En sus pá- ginas se recogen las más anti- guas reglas de cada uno de los entretenimientos inscritos. El libro es uno de los documentos más importantes para la inves- tigación de los juegos de mesa y fue un encargo que el rey caste- llano hizo en la segunda mitad del siglo XIII. Parece ser que en el XV el alquerque y el tablero de ajedrez se fundieron para dar origen así al juego de damas que hoy conocemos. Las piedras en las que los can- teros dibujaban el diagrama que unía veinticinco puntos equi- distantes repartidos en cinco hi- leras de cinco puntos cada uno tenían un destino fatídico final y era reutilizarlas en la cons- trucción de la iglesia. Así ocu- rrió en Armentia, a principio del siglo XIII, y en la actualidad se encuentra en la cabecera del templo, en la pared este de la basílica. En la piedra que corres- ponde al alféizar de una peque- ña ventana aparecen muy disi- muladas las líneas de este dibu- jo singular que conocemos con el nombre de alquerque. JUEGO DE DAMAS EN LA ARMENTIA MEDIEVAL DESDE LAS CAMPAS PATXI VIANA Las piedras de la basílica esconden el único alquerque conocido en Euskadi. Un juego medieval con el que se divertían los canteros Tablero de alquerque de Armentia, a la izquierda, y el de San Vicentejo (dcha.). :: FOTOS: PATXI VIANA Cabello rizado en los apóstoles de Lasarte (izquierda) y Armentia (derecha). Símbolos de la cruz que aparecen en diferentes lugares de la basílica alavesa. 12 SAN PRUDENCIO 2018 Viernes 27.04.18 EL CORREO

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